Poner la agenda: el objetivo de la concentración de medios

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Columna de Raúl Wiener en el Diario UNO (08 de diciembre del 2014)

El primer objetivo de la gran concentración mediática era, y sigue siendo, dominar la agenda política del país. Lo vienen consiguiendo. De ahí a acrecentar su influencia en los procesos electorales, políticos y económicos del país. Lo que por supuesto debe desarrollarse manera que no nos demos cuenta.

Si en 2013 se consolidaron los aspectos de propiedad y juridicidad de la absorción de el grupo Correo por el conglomerado El Comercio, y se trató de dorar la píldora para que todos creyéramos que el cuasi monopolio no afectaba la libertad de expresión ni el derecho a la información de la población, en el 2014 pasaron a la carga. 

Se coordinaron las informaciones y hasta los énfasis. Se armó una secuencia que comienza en el “destape” dominical, en la televisora de gran familia, y pasa en los días siguientes a su sucursal por cable, que puede ampliar o no la noticia, recoger opiniones y mantener el tema vivo en sus resúmenes de cada media hora, mientras sus mastines de tamaño tabloide levantan la noticia, con carátulas repetidas, hasta que uno sepa cuál es el tema de la semana.

En la colada entran también los periodistas llamados “líderes de opinión” pertenecientes a otros canales de televisión o radio, que también son columnistas de los medios escritos del consorcio. Refuerza la gran radio de noticias, casi prima hermana del emporio Miró Quesada, y el círculo de cierra cuando el portaviones de la concentración, el otrora “diario serio”, ingresa con un titularón a poner la cereza en la torta armada por sus menores.

En una etapa 2, saldrán las encuestas a preguntar cuánto sabe la gente sobre determinado asunto y a registrar el porcentaje de los que han asimilado el mensaje de los medios concentrados. Y, claro, la siguiente noticia es la mayoría cree lo que los medios le han metido en la cabeza.

En este año, por ejemplo, que seguro ha sido uno de experimentación, la concentración nos cambió la idea sobre quiénes eran los corruptos y dónde se encontraban. Cuando menos nos esperábamos casi todas las regiones resultaron gobernadas por corruptos, con Álvarez a la cabeza del robo a la caja pública y de la violencia contra sus adversarios. O sea la corrupción peruana era provinciana.

Luego siguió Orellana, con una red tan grande que hasta el nuevo presidente de la Corte Suprema podría estar en ella. Y a continuación Martín Belaúnde con su doble condición de vinculado a la pareja presidencial y relacionado con gobiernos regionales. En medio de todo eso algunas chauchillas como López Meneses, los mineros de Madre de Dios, el alcalde de Chiclayo, etc. Y ahí acabaron los narcoindultos, los petroaudios y BTR, los estropicios del fujimorismo y el APRA, la manipulación de la Justicia. Sin duda: victoria de la concentración. Ahora todos hablan de sus bandidos y no de la raíz de la descomposición moral del Estado Peruano.