Primera Medida en Planes de Gobierno: ¡MUERTE CIVIL A LOS CORRUPTOS Y CORRUPTORES!

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Por: Manuel Dammert Ego Aguirre

El Poder Judicial  acaba de sentenciar la impunidad a favor de todos los implicados en el caso Petroaudios, pese a la abundancia de pruebas. No es el único caso que tiene estas características, siguen impunes los crímenes de Fujimori y Montesinos, los saqueos en petróleo y gas, las evidencias de narcotráfico, y muchas otras granjerías y latrocinios de los ultimas décadas. Una oscura sombra se cierne sobre la patria. Se pretende declarar inocentes a los corruptos y a sus corruptores. Estas trompetas, anuncian a los que pretende instalar el nuevo periodo de Gobierno de la Plutocracia Apátrida.  

En este Perú, donde la salud es más mortal que nunca, los corruptos y corruptores de toda laya, están a punto de ser exonerados de sus crímenes. Ya se ha exonerado a los responsables de las esterilizaciones forzosas, ya se ha dado inocencia a los ejecutores extrajudiciales. Entre los pasillos del poder judicial, junto a los baldes de limpieza de la empresa Gerald Oropeza, se alistan los expedientes para decretar la inocencia de narcotraficantes activos, tras sus indultos. Es el país de cabeza, y la amenaza de comprar y vender la patria para afirmar el Estado Mafioso.

Pero la vida tiene el horizonte de justicia, de libertad y de solidaridad. Es un horizonte ético que nos afirma humanos. La marea de ciénaga, latrocinios y exculpaciones se anuncia como parte de la crisis actual. Obliga a que el Perú entero se pronuncie por recuperar la ética en la política y en la vida social. La medida programática para ello es simple y directa y debe ser exigida todos: ¡¡Muerte civil a los corruptos y a los corruptores!!

Este debe ser uno de los ejes de cualquier programa de Gobierno patriótico. Permitirá tres asuntos simultáneos. Reguardar los recursos públicos. Facilitar transformar el Estado desde la ciudadanía, sancionando a corruptos y corruptores. Mejorar la seguridad de la ciudadanía, al reducir una de las bases económicas de la delincuencia que nos asola, sean de las bandas de narcotraficantes o de los asaltantes de cuello blanco.

En el proceso electoral actual este deslinde es una demarcación entre la Patria y la Antipatria. Al enfrentar la corrupción drásticamente, afirmamos la ética en la vida social y en los asuntos públicos, elemento decisorio de la vitalidad democrática de la República. No permitamos que la corrupción gangrene la Patria Hermosa, a la que debemos defender y afirmar.