Perú al Bicentenario: geografía política y la hora de la izquierda

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Por Manuel Dammert Ego Aguirre

Muchos análisis políticos sufren de miopía. Han desaparecido las relaciones estructurales de fuerzas sociales, como clave del análisis del poder político y la soberanía. Se limitan al análisis de percepciones de los actores, a derivaciones deducidas de sus expectativas o, los más audaces en su frivolidad, a respuestas en espejo ante estímulos manejados desde los medios de comunicación, altamente concentrados por demás. De ahí las dificultades que tienen para apreciar las circunstancias singulares de la actual coyuntura política nacional y de las perspectivas de la izquierda.

A escasos cinco meses de las elecciones generales del 2016, se indica que el 50% tiene definidos sus votos. Los variados candidatos de una derecha que quiere disfrazarse de “cambios”, de ““izquierda”. El otro 50% está buscando como expresar la propuesta para los cambios patrióticos. El Gobierno de Humala termina su mandato en una aguda crisis, no solo económica recesiva, sino también política, institucional y social.

Se obvia el dato estructural clave: El Perú está en el fin del ciclo neoliberal impuesto desde el golpe de estado del Fujimorismo en 1992. La crisis política actual, es la de un gobierno elegido nacionalista que culmina su mandato aplicando a rajatabla el programa de la plutocracia dominante de neoliberalismo entreguista, exacerbando el sometimiento nacional y la desigualdad social.

Vivimos esta coyuntura de la crisis nacional del neoliberalismo generado por las recetas de reducirnos a exportar materias primas, extraer más ganancias precarizando la vida y el trabajo, desnacionalizar las rentas estratégicas de petróleo, gas, minerales, e imponer una plutocracia financiera que ha pasado a controlar el Estado desde el MEF y desde ahí someter a la institucionalidad. En estas condiciones, se manifiestan sus diversas desgracias: la corrupción, el narcotráfico, la desnutrición, el desempleo, la vida precaria, la crisis de los servicios públicos de salud, educación y seguridad ciudadana. No vivimos el fracaso de una política de “transformación nacional”, pues el gobierno de Humala abandono a los seis meses el mandato popular, para imponer el gobierno de la plutocracia entreguista.

Las elecciones generales transcurren en la coyuntura de crisis del aplicado programa neoliberal. De ahí el 50% del pueblo que reclama cambios nacionales. Esta es la razón del amplio espacio para una propuesta patriótica, democrática, ciudadana. Enfatiza la solución a las condiciones básicas de vida: trabajo, producción nacional, pensiones, seguridad, salud, educación. Reclama recuperar las rentas estratégicas: biodiversidad, gas, petróleo, agricultura, industrias. Y se proyecta al horizonte de la República de Ciudadanos, con la reestructuración democrática constitucional de los poderes públicos y el fortalecimiento de la vida social democrática.

Las fuerzas de izquierda y progresistas, que expresa UD (Unidad Democrática) y su precandidato presidencial Gonzalo García, son la alternativa actual para el cambio patriótico. Las diversas fuerzas de derecha, pretenden prorrogar el gobierno de la plutocracia apátrida y la crisis nacional. Esta es la verdadera geografía política, que en esta elección general remece al país.